lunes, 11 de enero de 2016

Balón de Oro: cuando el marketing superó al fútbol

Quizás me equivoco, pero creo que hace 20 años los niños no sabían qué era el Balón de Oro, o lo sabían pero no le prestaban atención. Cada año que pasa se le va dando más notoriedad, tiene más cobertura mundial y se parece más a la ceremonia de los Oscars: alfombra roja y mucho glamur. Solo que no son actores de Hollywood, son futbolistas… hubo un tiempo que esta diferencia estaba muy clara, ahora ya no tanto; ambos gremios son estrellas, ambos generan millones.



Siempre he pensado que es injusto dar un premio individual en un deporte colectivo ¿cuánto de ese premio le pertenece exclusivamente al jugador y cuánto es gracias a sus compañeros…? Pero la individualidad de los tiempos que vivimos cobra cada vez más fuerza, incluso en contextos colectivos… Aún así me gustaría lanzar algunas (locas) ideas para un Balón de Oro más ecuánime:

  • Se elige en esta ceremonia el “Once ideal” escogiendo al mejor de cada puesto, y yo pienso que es como no elegir la “Mejor película del año” sino solamente las mejores interpretaciones… ¿Por qué no se entrega el premio al “Mejor equipo del año”?, un galardón al esfuerzo y resultados de un grupo durante toda una temporada, a mi modo de ver es más coherente con el espíritu de un deporte colectivo.
  • Luego está el “Premio (Puskas) al mejor gol”, pero no existe uno a la “Mejor Parada”Las hay espectaculares y que además han significado ganar puntos, títulos incluso. Si se trata de actuaciones individuales, los porteros bien merecen también su galardón.
Hechas estas aportaciones, creo que no hay que tomárselo más en serio de lo que es, una gala para entregar unos premios que incrementarán los ingresos de la FIFA, de los futbolistas, y de las marcas que ellos publicitan. Pero desgraciadamente después se hablará más de la ropa que se pusieron y los saludos entre jugadores, que de fútbol, porque hace tiempo que casi todo lo que rodea al fútbol nada tiene que ver con el deporte.

La semana pasada escuché tras un entrenamiento a un niño de 11-12 años decir a otro: 

“Cristiano se ha comprado un avión, ¡UN AVIÓN! ¿Lo has visto?” 



Y eso es lo que más me preocupa de todo esto, que los niños y niñas se fijen más en los premios que gana su ídolo, los coches que compra, las botas que estrena cada partido, etc., en lugar de los sacrificios que han tenido que hacer para llegar a ese nivel, y el esfuerzo continuado que significa seguir en la élite del deporte… esas horas de entrenamiento, de cuidarse, de descansar adecuadamente, de renuncias.

No propongo acabar con este tipo de galas, pero creo que urge que todos los que tenemos un papel directo o indirecto en el deporte (especialmente en formación) les restamos importancia, y resaltemos los valores del deporte por encima de premios dorados.

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