miércoles, 15 de octubre de 2014

Marc Márquez, Diego Costa y la presión

Los deportistas de élite están acostumbrados a convivir con la presión, Marc Márquez comentaba tras proclamarse bicampeón del mundo de MotoGP

“la gente puede pensar que este Mundial ha sido fácil, pero nosotros dentro del equipo sabemos la presión que hemos aguantado. Todo el mundo nos miraba, sabías que no podías cometer ni un error, sabías que tenías que tenerlo todo calculado, y esto ha hecho que la tensión en el box se notase… pero la hemos gestionado muy bien, y hemos hecho un gran año”.
A Marc no se le nota la presión, tras esa sonrisa casi perpetua, y esa manera desenfadada y osada de pilotar, como si no estuviese en un Gran Premio… pero sí lo está y él lo sabe, quizá una de sus armas para gestionar esa presión, es que lo disfruta de principio a fin. ¿Qué pasa cuando hacemos algo que nos encanta y se nos da muy bien, y precisamente esa capacidad conlleva más retos, más exigencias, más presiones externas…? ¿y cuando todos esos factores consiguen que dejemos de disfrutar haciendo lo que nos gusta, y se acaba el divertirse en el proceso, porque solo importa el resultado?

En la misma semana vi a Diego Costa con la Selección española, desmarque-lucha-tiro-fuera, una y otra vez esa combinación, y tras todas ellas un gesto negativo con la cabeza “NO”, lenguaje corporal de malestar, de frustración, de hartazgo. El mismo jugador que es pichichi en la Premier, que lleva casi el doble de tantos que el segundo goleador de la competición, allí vuela y con la Selección lleva una losa sobre los hombros. Con España arrastra la presión de su culebrón para nacionalizarse, un Mundial a olvidar del equipo (y en el país que le vio nacer),  no haber marcado desde que debutó con la Roja, una lluvia de críticas… y finalmente necesitó 515 minutos para lograr el ansiado gol.


Desde su primer partido con la Roja ha sentido la tensión, esas ganas de devolver al entrenador la confianza de apostar por él, el deseo de triunfar con un equipo que lo había ganado todo y que lo ponía en primera fila para seguir al mismo nivel… la promesa del gol que tanto le cuesta a ese equipo y que se depositaba en él como principal responsabilidad. En mi opinión no hay que dejar que las propias demandas o las del resto, te arrebaten la esencia de lo que te gusta, ¿de qué sirven los premios y la gloria si no has disfrutado un ápice del camino al éxito…?

Creo que Diego Costa aún no ha disfrutado jugando al fútbol con la Selección, confío que tras ese gol lo consiga, que se sienta liberado, que pueda empezar de cero, y si no siempre puede llamar a Marc Márquez y preguntarle por el secreto tras su eterna sonrisa. 



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