miércoles, 12 de marzo de 2014

El verdadero líder

La semana pasada Carles Puyol anunció que al finalizar la presente temporada dejaría el F.C. Barcelona, dijo que tras las dos últimas operaciones a las que se había sometido, le estaba costando mucho recuperar la forma que él se exigía para jugar en el club. 

Lo primero que pensé fue, se va uno de los mejores centrales que ha tenido ese equipo, y lo segundo, ¿cómo afectará en el vestuario la ausencia de su liderazgo…? Porque si algo es el capitán, es un LÍDER, así en mayúsculas, un jugador carismático, fuerte, incombustible en energía y en dar aliento, un general que coloca y ordena a sus compañeros y que les exige concentración y disciplina 90 minutos.

Imagen de Globovisión en Flickr con licencia CC 

Todos los grupos necesitan un líder, una cabeza visible que represente una idea, a una entidad, y que sea un modelo a seguir para las demás personas que forman ese conjunto. En los equipos deportivos el entrenador es el primer líder, es quien dirige y muestra el camino para la consecución de los objetivos marcados, pero los jugadores necesitan un líder que sea como ellos, un igual, un compañero que lucha a su lado en el campo, que los active, guíe y sea un apoyo.

Las teorías que desarrollan las características del liderazgo son numerosas, unas se agrupan en modelos centrados en la personalidad del deportista, explican cómo determinados rasgos innatos de la personalidad conforman al líder eficaz. Otras teorías se centran en modelos situacionales (Weinberg y Gould, 1996) y explican que no hay una serie de conductas que garanticen un liderazgo efectivo, ya que dependiendo de la situación concreta en la que se esté (tipo de equipo, competición, resultados recientes, etc.) unos líderes serán más eficaces que otros.

Hay más modelos que explican el liderazgo acorde a otros enfoques teóricos que dan más importancia a unas cuestiones sobre otras, pero si hacemos un resumen de todas ellas podemos encontrar similitudes. 

Las características principales que debe tener un buen líder son:

  • Poder de influencia: mediante sus palabras y acciones para generar actividad y/o cambios en sus compañeros. Es carismático.
  • “Nosotros” antes que “yo”. El verdadero líder antepone los objetivos del grupo a los propios, habla en plural en sus declaraciones, promueve la cohesión del equipo.
  • Es respetado por su trayectoria, tiene  prestigio moral.
  • Profesionalidad: debe ser un ejemplo dentro y fuera del campo.
  • Transmite seguridad, confianza y tranquilidad a sus compañeros. En los momentos adversos es el primero en animar y tirar del equipo.
  • Ayuda a resolver los conflictos internos
  • Representa los valores del club

Por estas razones el líder es a menudo el capitán o uno de los capitanes del grupo, constituye además un enlace entre entrenador-directiva y el equipo, intercede entre sus compañeros y comunica el malestar del grupo al míster, y es la extensión táctica del entrenador en el campo o cancha.

Imagen de wikipedia con licencia CC

Si atendemos a una clasificación sencilla de tipo de liderazgo en el vestuario, podemos resumirla en líderes positivos o constructivos y líderes negativos o destructivos:
  • Positivos o constructivos: Es el tipo de líder que cuando llega un nuevo entrenador intenta ayudarle en el proceso de adaptación, le apoyará aunque no esté de acuerdo con su modelo táctico, se convertirá en su aliado por el bien del grupo. Está pendiente de sus compañeros, de los que están lesionados, de los que no van convocados, transmite un discurso de unidad dentro del equipo. Este rol puede desempeñarse por varios jugadores, es posible que coincidan 2 ó 3 líderes positivos en un vestuario.
  • Líderes negativos o destructivos: Dentro de un equipo puede haber uno o varios jugadores que tengan una cierta influencia sobre el resto del equipo, por veteranía, por prestigio, por carisma, etc. Pero este tipo de líder antepone sus necesidades a las del equipo, si pierde la titularidad intentará socavar la autoridad del entrenador en el vestuario, si el calendario de entrenamientos y descansos no se ajustan a sus preferencias, lo mismo; es decir, las cosas irán bien mientras se hagan “a su manera”, cuando no sea así, empezará a minar la unidad del grupo y desafiar al entrenador. 

Cuando un técnico se encuentra un líder negativo en su plantilla tiene dos opciones: intentar “ganárselo”, lo cual es muy difícil porque son jugadores muy egocéntricos y además tendría que ceder siempre a sus demandas; o expulsarlo del equipo.

A muchos jugadores les gusta la atención, sentirse importantes e incluso determinantes para el equipo, ser agasajados por la afición y dirigentes, pero eso no les convierte en líderes. Ser el jugador más desequilibrante no significa ser el líder, puede ser que resuelva partidos, que los “desatasque”, y aunque esa es una cualidad muy difícil y deseable en un jugador, ahí empieza y termina, en la duración del encuentro. El verdadero líder no termina su trabajo cuando acaba el partido, sigue ahí para sus compañeros, para felicitarles o animarles, es un catalizador en los entrenamientos, un “cargador de energía” para el resto, está pendiente de los posibles roces e interviene resolviéndolos, su trabajo no termina.

El auténtico líder no se impone, convence mediante sus palabras y acciones, te inspira para que quieras mejorar, y desea que sus “seguidores” le superen y sean líderes algún día. Recuerdo que cuando Marc Bartra fue convocado por primera vez para la Selección absoluta, Puyol le escribió en las redes sociales “felicidades, me alegro mucho por ti, coge el número 5”. A mí manera de ver, le estaba pasando el testigo.








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