miércoles, 26 de marzo de 2014

La Resiliencia o "Espíritu Ave Fénix"

Hay momentos en los que la vida nos golpea con dureza. Un trauma, un problema grave, una situación que vuelve nuestra vida del revés, en ese momento en que recibimos un “palo” psicológico, podemos hacer dos cosas: encajar el golpe e intentar reponernos, o recrearnos en el victimismo, en nuestra mala suerte y no superarlo.

Imagen de Jose Oller en Flickr con licencia CC

Las personas que escogen el primer camino son resilientes, esta palabra se adopta de disciplinas como la física o la ingeniería, y hace referencia a la capacidad que tienen determinados materiales para después de soportar una situación estresante (un choque, calor, tensión, etc) volver a su forma anterior. La Psicología ha adaptado este concepto a las personas, y habla de resiliencia para explicar la capacidad de sobreponerse a las contrariedades, de poner los medios y recursos necesarios para afrontar los problemas.

El deporte, especialmente el de alta competición, está lleno de situaciones estresantes y complicadas, aparte de un calendario muy exigente, deben afrontar lesiones, en ocasiones muy graves que pueden apartarles de la competición durante meses, o derrotas importantes que significan la pérdida de un campeonato o la eliminación de torneos. La gestión que los deportistas hagan de estas circunstancias negativas es  vital para poder revertirlas y volver a ser competitivos.

Imagen de Commons.wikipedia.org

¿Cuáles son las características de un deportista resiliente?
  • Percepción y autoconcepto: acepta los momentos duros como una parte más de la carrera deportiva, y ve el problema sea cual sea, como superable, no huye de él, lo relativiza. Utiliza sus recursos y las herramientas de las que dispone para afrontar el inconveniente, es decir, usa sus competencias personales para abordar la situación.
“Es un palo psicológico perder tres finales seguidas, claro que sí, no nos engañemos, pero en la vida y en una carrera hay momentos bajos y altos”. Rafael Nadal.
“Los momentos duros nunca te dejan indiferente. Puedes dejar que te debiliten, o puedes hacer que te hagan más fuerte. Yo elijo la segunda”. Jorge Lorenzo 
  • Responsabilizarse: analiza la situación problemática, asumiendo su parte de “culpa” si la hubiera, para después centrarse en buscar soluciones para mejorar y superar esas circunstancias.
“Para ver qué se puede mejorar, qué es lo que he hecho bien y mal hay que tener la actitud necesaria y la cabeza fría para analizar las cosas y buscar soluciones”. Rafael Nadal.
  • Equilibrio mental y apoyo social: Los deportistas resilientes tienen autocontrol, son capaces de gestionar sus emociones e impulsos, esto está muy relacionado con haber crecido en un entorno en el que se hayan sentido arropados. Disponer de personas que les ayuden a superar los momentos difíciles actuando como un “sostén moral” constituye un gran pilar para desarrollar la resiliencia.
Estas características pueden entrenarse, trabajar con los deportistas su manera de percibir las situaciones y ayudarles a ver alternativas, proporcionarles herramientas para que se enfrenten a las situaciones. Nunca es tarde para aprender a gestionar las emociones y afrontar las circunstancias difíciles no como un problema sino como un reto que nos ayudará a crecer como personas y atletas

Para ilustrar este tema me gustaría terminar con un vídeo del grupo Rudimental, en el que cuentan la historia del campeón de BMX Kurt Yaeger, que en el año 2006 sufrió un atropello y perdió su pierna por ese accidente. Después de una lógica  fase de duelo y frustración, decidió alejarse del victimismo y optó por luchar para volver a hacer lo que más le gustaba, montar en bicicleta. El vídeo está protagonizado por el propio Yaeger y es un perfecto ejemplo de deportista resiliente.

miércoles, 19 de marzo de 2014

El liderazgo del entrenador

Ferguson, Mourinho, Vicente del Bosque, Guardiola, Simeone: entrenadores laureados, homenajeados, pretendidos… Eso es lo que tienen en común, pero, y su estilo de liderazgo ¿crees que se parece? 

Los entrenadores son como los capitanes de un barco, deben asegurarse de llegar a buen  puerto (objetivos), y hacerlo en una travesía que tendrá trayectos plácidos y otras veces rutas salpicadas de marejadas (victorias/derrotas), tormentas que deberán dominar para seguir el rumbo (polémicas, prensa, directiva, etc). Para hacer esto necesitan a una tripulación (jugadores y cuerpo técnico) que crean en  ellos, que estén dispuestos a arrimar el hombro y a seguir las órdenes del capitán, aún cuando no se alcance a ver tierra y el barco haga aguas. Se necesita disciplina para que no se produzcan “motines”, pero se necesita también generar confianza para que se sientan identificados con la visión del capitán, partícipes de los logros que se van consiguiendo y responsables como grupo de los errores, esto ni más ni menos, es ejercer el  liderazgo.

Imagen de Carlos Delgado en Flickr con licencia CC

El entrenador debe aglutinar muchas cualidades: conocimientos amplios sobre su deporte, habilidades de comunicación para explicar sus ideas y qué espera del grupo y de cada jugador, saber ganarse la confianza del equipo, capacidad de influencia para generar motivación y lograr que toda una plantilla se identifique con una serie de objetivos, una meta. El tipo de liderazgo del entrenador modelará las cualidades anteriores y la consecución o no de los objetivos.

En 1990 Chelladurai propone el primer paradigma de liderazgo pensado específicamente para el ámbito deportivo, su Modelo Multidimensional explica que las conductas de liderazgo varían en función de una interrelación entre las características del entrenador (líder), de los jugadores, de las situaciones específicas y de los cambios que se producen en el entorno.

Por lo tanto, el mejor liderazgo es aquel que se adapta a las características de sus jugadores y a las diferentes situaciones a las que se deberá enfrentar a lo largo de la temporada. Por ejemplo, un jugador menos habilidoso y que tienda a cometer errores  tácticos, necesitará un tipo de entrenador más enfocado a la tarea,  que le corrija y esté pendiente de sus “puntos débiles”. Por el contrario, un jugador que sea mejor técnicamente y que además entienda el juego, no necesita tantas correcciones, en este caso el entrenador deberá ejercer un liderazgo enfocado a la relación, al vínculo que mantienen.

Imagen de Peter P. en Flickr con licencia CC

Podemos resumir las características de liderazgo efectivo del entrenador en las siguientes:

  • Influenciar: la capacidad para convencer a sus jugadores, para transmitirles su visión e implicarles en la consecución de los objetivos.
  • Motivar: a través de su estilo de liderazgo debe generar la ilusión que lleve al grupo a identificarse con la propuesta del entrenador. Conseguir que el nivel de motivación no decaiga según avanza la temporada y aparecen los impedimentos, constituye un gran reto para el coach.
  • Buena comunicación: Los deportistas necesitan saber qué se espera de ellos en cada momento, en qué necesitan mejorar, etc. Un estilo de liderazgo autoritario, en el que los jugadores no reciben explicaciones genera malestar y además disminuye la cohesión del grupo. Saber escuchar y comunicar de forma efectiva es clave.
  • Flexibilidad: Un buen líder defiende sus ideas y convicciones, y al mismo tiempo es capaz de ceder en otros aspectos menos importantes y que pueden ayudar a evitar conflictos en el vestuario.
  • Transmitir valores: Un buen entrenador no transmite solamente sus conocimientos deportivos, también “contagia” su ética del trabajo, la imagen que se proyecta a los demás. Hoy en día los deportistas de élite son un modelo a seguir para muchos niños y niñas, no deben olvidarse de esto.
  • Perfil psicológico adecuado: debe ser lo suficiente fuerte para soportar la presión mediática y al mismo tiempo ser un apoyo constante para sus jugadores.

Sobre este último punto creo que es un buen ejemplo Mourinho, que a través de sus polémicas con los medios consigue desviar toda la atención mediática hacia él y “liberar” así a sus jugadores de la misma.

Imagen de Alessandro M. en Flickr con licencia CC

La labor del entrenador es compleja, y no tienen permitido desfallecer pues son los líderes. Sir Alex Ferguson decía siempre a sus jugadores “si te rindes una vez, te rendirás dos veces”. Quizás algún capitán ha gritado lo mismo a su tripulación en una gran tormenta…








miércoles, 12 de marzo de 2014

El verdadero líder

La semana pasada Carles Puyol anunció que al finalizar la presente temporada dejaría el F.C. Barcelona, dijo que tras las dos últimas operaciones a las que se había sometido, le estaba costando mucho recuperar la forma que él se exigía para jugar en el club. 

Lo primero que pensé fue, se va uno de los mejores centrales que ha tenido ese equipo, y lo segundo, ¿cómo afectará en el vestuario la ausencia de su liderazgo…? Porque si algo es el capitán, es un LÍDER, así en mayúsculas, un jugador carismático, fuerte, incombustible en energía y en dar aliento, un general que coloca y ordena a sus compañeros y que les exige concentración y disciplina 90 minutos.

Imagen de Globovisión en Flickr con licencia CC 

Todos los grupos necesitan un líder, una cabeza visible que represente una idea, a una entidad, y que sea un modelo a seguir para las demás personas que forman ese conjunto. En los equipos deportivos el entrenador es el primer líder, es quien dirige y muestra el camino para la consecución de los objetivos marcados, pero los jugadores necesitan un líder que sea como ellos, un igual, un compañero que lucha a su lado en el campo, que los active, guíe y sea un apoyo.

Las teorías que desarrollan las características del liderazgo son numerosas, unas se agrupan en modelos centrados en la personalidad del deportista, explican cómo determinados rasgos innatos de la personalidad conforman al líder eficaz. Otras teorías se centran en modelos situacionales (Weinberg y Gould, 1996) y explican que no hay una serie de conductas que garanticen un liderazgo efectivo, ya que dependiendo de la situación concreta en la que se esté (tipo de equipo, competición, resultados recientes, etc.) unos líderes serán más eficaces que otros.

Hay más modelos que explican el liderazgo acorde a otros enfoques teóricos que dan más importancia a unas cuestiones sobre otras, pero si hacemos un resumen de todas ellas podemos encontrar similitudes. 

Las características principales que debe tener un buen líder son:

  • Poder de influencia: mediante sus palabras y acciones para generar actividad y/o cambios en sus compañeros. Es carismático.
  • “Nosotros” antes que “yo”. El verdadero líder antepone los objetivos del grupo a los propios, habla en plural en sus declaraciones, promueve la cohesión del equipo.
  • Es respetado por su trayectoria, tiene  prestigio moral.
  • Profesionalidad: debe ser un ejemplo dentro y fuera del campo.
  • Transmite seguridad, confianza y tranquilidad a sus compañeros. En los momentos adversos es el primero en animar y tirar del equipo.
  • Ayuda a resolver los conflictos internos
  • Representa los valores del club

Por estas razones el líder es a menudo el capitán o uno de los capitanes del grupo, constituye además un enlace entre entrenador-directiva y el equipo, intercede entre sus compañeros y comunica el malestar del grupo al míster, y es la extensión táctica del entrenador en el campo o cancha.

Imagen de wikipedia con licencia CC

Si atendemos a una clasificación sencilla de tipo de liderazgo en el vestuario, podemos resumirla en líderes positivos o constructivos y líderes negativos o destructivos:
  • Positivos o constructivos: Es el tipo de líder que cuando llega un nuevo entrenador intenta ayudarle en el proceso de adaptación, le apoyará aunque no esté de acuerdo con su modelo táctico, se convertirá en su aliado por el bien del grupo. Está pendiente de sus compañeros, de los que están lesionados, de los que no van convocados, transmite un discurso de unidad dentro del equipo. Este rol puede desempeñarse por varios jugadores, es posible que coincidan 2 ó 3 líderes positivos en un vestuario.
  • Líderes negativos o destructivos: Dentro de un equipo puede haber uno o varios jugadores que tengan una cierta influencia sobre el resto del equipo, por veteranía, por prestigio, por carisma, etc. Pero este tipo de líder antepone sus necesidades a las del equipo, si pierde la titularidad intentará socavar la autoridad del entrenador en el vestuario, si el calendario de entrenamientos y descansos no se ajustan a sus preferencias, lo mismo; es decir, las cosas irán bien mientras se hagan “a su manera”, cuando no sea así, empezará a minar la unidad del grupo y desafiar al entrenador. 

Cuando un técnico se encuentra un líder negativo en su plantilla tiene dos opciones: intentar “ganárselo”, lo cual es muy difícil porque son jugadores muy egocéntricos y además tendría que ceder siempre a sus demandas; o expulsarlo del equipo.

A muchos jugadores les gusta la atención, sentirse importantes e incluso determinantes para el equipo, ser agasajados por la afición y dirigentes, pero eso no les convierte en líderes. Ser el jugador más desequilibrante no significa ser el líder, puede ser que resuelva partidos, que los “desatasque”, y aunque esa es una cualidad muy difícil y deseable en un jugador, ahí empieza y termina, en la duración del encuentro. El verdadero líder no termina su trabajo cuando acaba el partido, sigue ahí para sus compañeros, para felicitarles o animarles, es un catalizador en los entrenamientos, un “cargador de energía” para el resto, está pendiente de los posibles roces e interviene resolviéndolos, su trabajo no termina.

El auténtico líder no se impone, convence mediante sus palabras y acciones, te inspira para que quieras mejorar, y desea que sus “seguidores” le superen y sean líderes algún día. Recuerdo que cuando Marc Bartra fue convocado por primera vez para la Selección absoluta, Puyol le escribió en las redes sociales “felicidades, me alegro mucho por ti, coge el número 5”. A mí manera de ver, le estaba pasando el testigo.