lunes, 10 de febrero de 2014

La agresividad de los padres en el deporte base

Fin de semana: levantarse, preparase, salir de casa y dirigirse al partido… las cosquillitas en el estómago, la ilusión, llegar a la cancha y ver a las compañeras de equipo, calentar, escuchar al entrenador, y finalmente jugar a baloncesto. Sentir el apoyo en la grada, ver a tu familia con una sonrisa… esos momentos siguen grabados en mi memoria, con cariño, con nostalgia.

El tiempo pasa y ahora somos nosotros quienes vamos a ver a nuestros hijos y sobrinos practicar deporte, y aunque éste sea el mismo, el escenario ha cambiado. Nuestra generación, influenciada por la sociedad competitiva en la que vivimos, impregnada por la cultura de la individualidad que nos rodea. Hemos convertido el placer del deporte por el deporte en una mera cuestión de resultados.

A menudo puede oírse en los partidos a padres gritar a sus hijos y resto de compañeros, corregirles, insultar al árbitro, cuestionar las decisiones del entrenador, etc. El espectáculo de ver a los niños disfrutando del juego ha dejado paso a un campo de batalla en el que van y vienen los reproches, y es aquí donde debemos parar y reflexionar, ¿qué valores estamos transmitiendo a los niños y niñas?

Imagen de usaghumphreys en Flickr con licencia CC

Cuando se realiza deporte en la infancia, lo más importante son los beneficios que se obtienen de esta práctica: relacionarse con sus iguales, fomentar hábitos saludables, adquirir responsabilidades, reforzar la autoconfianza, aprender a cooperar, y sobre todo, divertirse jugando.

Según van creciendo, se les aumentará el nivel de exigencia, de igual manera que en el colegio cada vez se irán formando en contenidos más difíciles, pero es función de los entrenadores y no de los padres, marcar esta exigencia y corregir los errores. Asistir a los partidos “papel y lápiz en mano” para luego corregir los fallos de los niños, es una situación que lejos de ayudarles a mejorar, puede resultar contraproducente: 

  • primero porque asociarán que después de un partido llega la reprimenda por los errores cometidos, y esto puede incrementar su nerviosismo durante los encuentros al sentirse evaluados por sus padres, logrando además el efecto contrario al buscado, y es que baje el rendimiento por esta ansiedad. 
  • segundo, que los niños pierdan las ganas de jugar a su deporte favorito porque ha pasado de ser  una actividad de disfrute, a convertirse en un examen constante para ellos. Lo más peligroso de este tipo de conductas, es que los niños acaben asociando que en parte, el afecto de sus padres va ligado a su rendimiento en los partidos, y que son más queridos cuando ganan que cuando pierden.
Algunas pautas simples que los padres puedes seguir para corregir o evitar esto son:

  • Animar a los niños, reforzar siempre el esfuerzo realizado, apoyarles cuando pierden.
  • No intentar “profesionalizar” la actividad que realizan, por mucho que los padres quieran, serán el tiempo, el trabajo, la constancia y sobre todo el propio deseo de los menores, quien dirá si serán un futuro Pedrito o Sergio Rodríguez.
  • Los mayores somos un modelo a seguir para los niños, un espejo en el que se miran, si ven a sus familiares gritar e insultar en las gradas, acabarán reproduciendo este comportamiento; mostremos respeto por el equipo contrario, por el entrenador, por la afición, facilitando que sea este patrón de conducta el que tomen como ejemplo.

Ayer, viendo la I Fase del concurso de Murgas adultas del Carnaval de Tenerife, me sorprendió gratamente la segunda canción de Los Chinchosos, “No a la violencia en el futbol base”, en ella abordaron esta problemática, criticando la actuación de algunos padres en los campos y haciendo hincapié en que debemos dejar a los niños disfrutar. Les recomiendo que vean la actuación si no han tenido oportunidad:



Lo más importante es que nos estamos dando cuenta de que hay un cierto sector de padres-aficionados que está convirtiendo el deporte base en un núcleo generador de conflictos, reconocer la existencia de esta problemática es el primer paso para ponerle solución, y ya en algunas instalaciones deportivas podemos ver algunas iniciativas para informar y sensibilizar al respecto, como ésta de la U.D Orotava:


Dejemos a los niños ser niños, disfrutar mientras juegan, sin presiones añadidas, sin comportamientos reprochables por nuestra parte... de esa manera siempre amarán el deporte y cuando crezcan, recordarán esos años con nostalgia y cariño.

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