lunes, 13 de enero de 2014

Surfear la frustración


La frustración es una respuesta emocional de vacío o anhelo insaciado que  aparece cuando no conseguimos lo que queremos, cuando no se cumplen nuestros objetivos. Si hablamos específicamente del ámbito deportivo, la frustración puede aparecer cuando la ejecución del deportista se produce por debajo de lo esperado.

Imagen de Alex E. Proimos en Flickr con licencia CC

Las reacciones que generan la frustración son de varios tipos, pero si las simplificamos podemos aglutinarlas en tres grupos:
  1. Huida: Consiste en evitar la situación que genera la frustración. En el caso del fútbol un ejemplo podría ser, un extremo que deje de realizar centros porque los falla repetidamente. La frustración que le genera esta mala ejecución se traducirá en evitar centrar.
  2. Ira: La no consecución del objetivo deseado provoca una respuesta de enfado que puede acabar en autoagresión o agresión dirigida hacia los demás, ya sea ésta verbal o física. Todos hemos visto desgraciadamente, partidos en los que los jugadores patean banquillos, muros, arrojan la raqueta al suelo o se enzarzan entre ellos.
  3. Búsqueda de alternativas: Constituye la respuesta deseable, cuando la ejecución deportiva no llega al umbral que se espera, en lugar de comenzar a evitar sistemáticamente esa situación, o dejar que la frustración se convierta en cabreo, se canaliza ese desengaño buscando soluciones. 
Lo primero que debe hacer el cuerpo técnico de un equipo es identificar las situaciones que generan frustración en sus jugadores, y el tipo de respuesta que éstos manifiestan ante la misma, ¿son del tipo 1, 2 ó 3? es decir, ¿rehúyen sistemáticamente las circunstancias en que se frustran, expresan respuestas de ira o quizás intentan afrontar el problema y buscar soluciones alternativas? Evidentemente, esta última es la respuesta anhelada a la que se debe aspirar; debemos centrarnos por lo tanto en trabajar con los tipos de conducta de los grupos 1 y 2, es decir, evasiva y agresiva.

Cuando en Psicología hablamos de tolerancia a la frustración nos referimos a la habilidad o aptitud de una persona para soportar el “impedimento o muro” que le aleja de su meta; evidentemente esta capacidad varía de unas personas a otras, pero el aspecto positivo es que como con cualquier otra habilidad, podemos entrenarla para mejorar en ella.

¿Por qué una misma situación afecta de diferente manera a los deportistas? ¿Por qué algunos pueden soportar la decepción sin “explotar” o derrumbarse y otros sucumben…? Lo cierto es que hay jugadores que se toman ese fracaso como un estado temporal, ligado a las características del juego, a las circunstancias; lo viven por tanto como una frustración parcial, algo que ahora va mal pero que no será determinante o permanente. Otros en cambio, viven el fracaso como una frustración general, directamente relacionada con su autoestima, y ante el primer impedimento, piensan que no valen, que no son aptos, que no lo conseguirán.

Las personas con una alta tolerancia a la frustración, no permiten que los contratiempos, o los actos fallidos les afecten, al menos no de una manera que llegue a disminuir su rendimiento; por el contrario, los atletas con una baja tolerancia a la frustración  verán mermada su actividad ante los primeros obstáculos; se darán por vencidos cuando las jugadas no les salgan como esperaban “borrándose del partido”, o echándole la culpa a los demás. 

Para conseguir que los deportistas mejoren en este aspecto y eleven su umbral a la frustración, se debe diseñar un plan de entrenamiento junto a los técnicos, en el que se recreen situaciones de partido desfavorables que los jugadores no puedan solventar de manera fácil o exitosa, por ejemplo: introducir variables estresantes en diferentes fases del entrenamiento, jugar partidos condicionados con inferioridad numérica, establecer reglas que imposibiliten el juego fluido, etc. Esta serie de condicionantes irán haciendo mella en los jugadores, dando paso a la frustración, y una vez que ésta aparece e identifiquemos el tipo de respuesta que genera en ellos, se puede pasar al entrenamiento específico.

  • Deportistas que huyen: Siguiendo con el ejemplo puesto arriba, si un extremo evita centrar porque los ha errado repetidamente en los últimos encuentros, debemos aplicar la persistencia. El entrenamiento específico para este jugador consistirá en realizar ejercicios en los que se sucedan muchos centros, de manera activa y pasiva, hasta que recupere la confianza en su ejecución. Pero no se le permitirá seguir con la práctica evasiva.
  • Deportistas que agreden: Es el tipo de jugador que ante el fracaso insulta, da patadas al aire o se encara con el resto. En este caso hay que trabajar el autocontrol, realizar un trabajo específico individual en el que se dote al deportista de herramientas que le ayuden a identificar y controlar sus impulsos de ira. No se pueden eliminar las olas del mar, pero se puede aprender a cogerlas... la frustración puede “surfearse”.

En resumen, para mejorar la competitividad del deportista es muy importante identificar las situaciones críticas y las posibles consecuencias negativas en el rendimiento del jugador. Es función del psicólogo detectarlo y elaborar un plan de entrenamiento junto al cuerpo técnico, para dotar a la plantilla de herramientas que les ayuden a manejar y superar los momentos de frustración.

“Es sabio dirigir tu enfado hacia los problemas, no hacia la gente, y así centrar tus energías en las soluciones y no en las excusas”.
William Arthur Ward, escritor.







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