lunes, 27 de enero de 2014

Nadal: Cuando una derrota es una inspiración

Imagen de mirsasha en Flickr con licencia CC

Termina la final del Abierto de Australia, Rafael Nadal pierde 3-6, 2-6, 6-3 y 4-6 ante Wawrinka, que gana su primer Grand Slam a los 28 años, un sueño, un hito para él. Y yo me quedo con la sensación de haber visto una derrota épica, no por un intercambio de golpes soberbios como fue la última final que perdió en ese mismo escenario ante Djokovic en el 2012; sino por el sufrimiento descarnado y la resistencia de Nadal desde el final del primer set, hasta que acabó el partido… una oda a no rendirse jamás.

Vi como le atendía el fisioterapeuta una y otra vez, como se quedaba clavado en el sitio porque ni siquiera podía correr, deseé que abandonara porque pensé que esa lesión podría agravarse, que el dolor le iba a hacer caer de rodillas. Pero Nadal no abandona, aunque apenas pueda moverse…esperó a que los calmantes surtieran efecto, a que el dolor remitiera un poco, y dió todo lo que pudo para no deslucir una final con su abandono. Diría más tarde “lo último que quería era retirarme, odio tener que hacer eso, especialmente en una final”.

Cuando le vi luchando de esa manera, dolorido, visiblemente mermado físicamente, y llegando incluso a ganar un set, me vino a la mente esas películas en las que el héroe es gravemente herido, pero sigue luchando, incluso eliminando algunos adversarios antes de exhalar su último aliento, me acordé de la última escena de Gladiator, me acordé de la batalla final de El último Samurái… guerreros que murieron en el campo, sin retirarse por sus heridas. Como hizo ayer Rafa, aunque la mayoría de los que vimos el partido pensáramos que abandonaría antes de acabar el segundo set, que no podría terminarlo. Pero es que su mentalidad es distinta, es la de un competidor excelso.

Algunas claves de la fortaleza mental de Rafael Nadal son:

  1. Cómo  gestiona  los momentos críticos: el deportista de élite convive con el dolor, pero cuando éste alcanza niveles más altos no todos están preparados para soportarlo sin tirar la toalla. Este hecho, unido a momentos que se ponen cuesta arriba durante la competición, hace que muchos sucumban; pero hemos visto como Nadal ha superado en muchas ocasiones este tipo de escollos, su resistencia estriba en su sistema de valores basado en la educación, el respeto y el esfuerzo (dijo luego en rueda de prensa “intenté acabar el partido por el público, por el oponente y por mí”); unido a sus logros pasados, recordar las veces que ha resistido con dolor, que ha conseguido ganar y superar esos momentos críticos le da un plus para seguir, para intentarlo un poco más.                                                                                                                                                                                   
  2. Relativizar las victorias y las derrotas: Cuando gana torneos se muestra contento por haberlo hecho, señala siempre el esfuerzo que le ha costado llegar hasta ese momento por encima del resultado en sí, y no se deja llevar por la euforia; cuando pierde, lo toma como algo natural en la vida de un deportista, ¿le molesta? por supuesto, pero no deja que le hunda. Tras este partido dijo “no he sido muy afortunado en este torneo, pero eso es parte de la vida, parte del deporte; no es el fin del mundo. Hoy he tenido un día duro, muchas personas tienen días duros en todas partes del planeta”.                                                                                                                                           
  3. No explica su rendimiento a través de factores externos: el análisis de sus partidos siempre se basa en aspectos de su juego, más allá del  resultado, analiza lo que hizo mal y bien, y cuando ha jugado por debajo de lo esperado no lo achaca a factores ajenos como condiciones ambientales, comportamiento del público, etc. Precisamente esta característica es una fuente  continua de autoconfianza, sus logros son fruto de su esfuerzo, y cuando su rendimiento no es el deseado, sabe que debe cambiar algún aspecto de su juego para poder alcanzar un nivel óptimo de juego otra vez. Él se responsabiliza de su rendimiento en todo momento.                                                                     
  4. Ave fénix: el carácter combativo para resurgir una y otra vez es una de sus principales cualidades. El trabajo duro que no se ve, las sesiones interminables de entrenamiento y de recuperación en las que da el máximo de sí mismo, y la pasión inagotable por su deporte han hecho que consiga volver a la élite tras momentos muy duros. El primero, cuando perdió en Australia ante Djokovic en 2012, encadenando la séptima final consecutiva que perdía ante el serbio, siete finales perdidas ante el mismo hombre; sin embargo, volvería a ganar a Nole ese mismo año, en las finales de Montecarlo, Roma y Roland Garros, no permitiendo que esa rivalidad y que ese abultado balance negativo de derrotas acabara con él. La segunda, el pasado año tras volver de una lesión de rodilla que le tuvo siete meses apartado de la competición, después de un período de inactividad semejante volver a la élite consiguiendo hacer tantas finales y cosechando un total de 5 Master 1000 y 2 Grand Slams es un registro al alcance de muy pocos, especialmente tras ese periodo de inactividad.

Estas características suyas tan “Nadalistas” estuvieron presentes en el partido de ayer, el espíritu de la competición y del sacrificio, el deseo de superarse sin importar las circunstancias, el compromiso de querer ofrecer siempre la mejor versión de uno mismo. Esto dijo tras el partido: “Estoy feliz por cómo llegué a la final, jugué bien en los momentos correctos. No puedo decir nada negativo. Estoy orgulloso de mi actitud hoy en la cancha y en las dos semanas. Cuando alguien da todo en cada momento, nadie puede decir nada ¿no? Me voy a casa tranquilo por haberlo dado todo”.

Wawrinka ganó su primer Grand Slam, y Rafael Nadal firmó otro episodio en la historia del deporte, convirtió su partido en un puñado de lecciones para los deportistas, su derrota, en una fuente de inspiración para cualquier persona.


lunes, 13 de enero de 2014

Surfear la frustración


La frustración es una respuesta emocional de vacío o anhelo insaciado que  aparece cuando no conseguimos lo que queremos, cuando no se cumplen nuestros objetivos. Si hablamos específicamente del ámbito deportivo, la frustración puede aparecer cuando la ejecución del deportista se produce por debajo de lo esperado.

Imagen de Alex E. Proimos en Flickr con licencia CC

Las reacciones que generan la frustración son de varios tipos, pero si las simplificamos podemos aglutinarlas en tres grupos:
  1. Huida: Consiste en evitar la situación que genera la frustración. En el caso del fútbol un ejemplo podría ser, un extremo que deje de realizar centros porque los falla repetidamente. La frustración que le genera esta mala ejecución se traducirá en evitar centrar.
  2. Ira: La no consecución del objetivo deseado provoca una respuesta de enfado que puede acabar en autoagresión o agresión dirigida hacia los demás, ya sea ésta verbal o física. Todos hemos visto desgraciadamente, partidos en los que los jugadores patean banquillos, muros, arrojan la raqueta al suelo o se enzarzan entre ellos.
  3. Búsqueda de alternativas: Constituye la respuesta deseable, cuando la ejecución deportiva no llega al umbral que se espera, en lugar de comenzar a evitar sistemáticamente esa situación, o dejar que la frustración se convierta en cabreo, se canaliza ese desengaño buscando soluciones. 
Lo primero que debe hacer el cuerpo técnico de un equipo es identificar las situaciones que generan frustración en sus jugadores, y el tipo de respuesta que éstos manifiestan ante la misma, ¿son del tipo 1, 2 ó 3? es decir, ¿rehúyen sistemáticamente las circunstancias en que se frustran, expresan respuestas de ira o quizás intentan afrontar el problema y buscar soluciones alternativas? Evidentemente, esta última es la respuesta anhelada a la que se debe aspirar; debemos centrarnos por lo tanto en trabajar con los tipos de conducta de los grupos 1 y 2, es decir, evasiva y agresiva.

Cuando en Psicología hablamos de tolerancia a la frustración nos referimos a la habilidad o aptitud de una persona para soportar el “impedimento o muro” que le aleja de su meta; evidentemente esta capacidad varía de unas personas a otras, pero el aspecto positivo es que como con cualquier otra habilidad, podemos entrenarla para mejorar en ella.

¿Por qué una misma situación afecta de diferente manera a los deportistas? ¿Por qué algunos pueden soportar la decepción sin “explotar” o derrumbarse y otros sucumben…? Lo cierto es que hay jugadores que se toman ese fracaso como un estado temporal, ligado a las características del juego, a las circunstancias; lo viven por tanto como una frustración parcial, algo que ahora va mal pero que no será determinante o permanente. Otros en cambio, viven el fracaso como una frustración general, directamente relacionada con su autoestima, y ante el primer impedimento, piensan que no valen, que no son aptos, que no lo conseguirán.

Las personas con una alta tolerancia a la frustración, no permiten que los contratiempos, o los actos fallidos les afecten, al menos no de una manera que llegue a disminuir su rendimiento; por el contrario, los atletas con una baja tolerancia a la frustración  verán mermada su actividad ante los primeros obstáculos; se darán por vencidos cuando las jugadas no les salgan como esperaban “borrándose del partido”, o echándole la culpa a los demás. 

Para conseguir que los deportistas mejoren en este aspecto y eleven su umbral a la frustración, se debe diseñar un plan de entrenamiento junto a los técnicos, en el que se recreen situaciones de partido desfavorables que los jugadores no puedan solventar de manera fácil o exitosa, por ejemplo: introducir variables estresantes en diferentes fases del entrenamiento, jugar partidos condicionados con inferioridad numérica, establecer reglas que imposibiliten el juego fluido, etc. Esta serie de condicionantes irán haciendo mella en los jugadores, dando paso a la frustración, y una vez que ésta aparece e identifiquemos el tipo de respuesta que genera en ellos, se puede pasar al entrenamiento específico.

  • Deportistas que huyen: Siguiendo con el ejemplo puesto arriba, si un extremo evita centrar porque los ha errado repetidamente en los últimos encuentros, debemos aplicar la persistencia. El entrenamiento específico para este jugador consistirá en realizar ejercicios en los que se sucedan muchos centros, de manera activa y pasiva, hasta que recupere la confianza en su ejecución. Pero no se le permitirá seguir con la práctica evasiva.
  • Deportistas que agreden: Es el tipo de jugador que ante el fracaso insulta, da patadas al aire o se encara con el resto. En este caso hay que trabajar el autocontrol, realizar un trabajo específico individual en el que se dote al deportista de herramientas que le ayuden a identificar y controlar sus impulsos de ira. No se pueden eliminar las olas del mar, pero se puede aprender a cogerlas... la frustración puede “surfearse”.

En resumen, para mejorar la competitividad del deportista es muy importante identificar las situaciones críticas y las posibles consecuencias negativas en el rendimiento del jugador. Es función del psicólogo detectarlo y elaborar un plan de entrenamiento junto al cuerpo técnico, para dotar a la plantilla de herramientas que les ayuden a manejar y superar los momentos de frustración.

“Es sabio dirigir tu enfado hacia los problemas, no hacia la gente, y así centrar tus energías en las soluciones y no en las excusas”.
William Arthur Ward, escritor.